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domingo, 8 de mayo de 2011

"SOY PARTIDARIO DE LA EXPRESIÓN SIMPLE DE IDEAS COMPLEJAS".Marcelino Cuevas

La luminosa buhardilla, de techos bajos y ligeramente inclinados, con luceras que permiten el paso de la luz sin paliativos y que en las noches sin nubes permiten contemplar las estrellas, está llena de elementos de trabajo: tableros de dibujo, aparadores repletos de libros de arte, mesas cubiertas de botes de pintura, brochas, pinceles y hasta un pequeño tórculo en el que el artista imprime artesanalmente sus grabados.
Y, claro está, sus paredes guardan celosamente dibujos y pinturas por todas partes, obras de diferentes épocas que reflejan su incesante trabajo. Viuda, jersey negro, gafas de montura mínima, antiguo reloj de cuerda (es coleccionista de viejas máquinas del tiempo), está dedicado plenamente a su trabajo. «Durante los últimos años he estado inmerso en una pintura matérica con la que he pretendido proporcionar una tercera dimensión a mis obras». Pero Viuda nos muestra también trabajos de su primera juventud, pinturas surrealistas de hace diez años en las que se refleja su admiración por El Bosco o Dalí. Dibujos fantásticos donde la imaginación puede con la seguridad del trazo. Grabados que nos hablan de su lenta evolución. Cuadros tridimensionales a los que incorpora los más extraños elementos.
Quemando etapas desesperadamente
Karlos Viuda trabaja por etapas, momentos que tienen claramente un principio y un final, «aunque -”dice-” todo es lo mismo, es como una gran carrera plástica con muchas paradas y en la que la meta está siempre muy lejos, tan lejos, que se pierde en el abismo del futuro».
Nos encontramos a l artista trabajado febrilmente en su pequeño tablero de dibujo, precisamente en una serie de dibujos realizados en su mayor parte con lápices de grafito y bolígrafos, que serán el cuerpo de una próxima exposición. «El dibujo -”comenta Viuda-” es esencial, en el arte todo parte de una línea que después se va complicando. Es interesante volver a los principios, al lapicero, a los grises y los negros sobre blanco, lo cual, sorprendentemente, me resulta muy gratificante».



Karlos Viuda no guarda las imágenes que inventa en su memoria, ni en la de su ordenador personal, su recordatorio es un pequeño cuaderno. «Este cuaderno -”dice-” me acompaña siempre. En cuanto tengo un momento de inactividad me pongo a dibujar en él. Aquí aparecen las ideas que luego se convertirán en dibujos o en cuadros, aunque el cuaderno en sí mismo tiene vida propia. En él reaparecen fragmentos de vidas anteriores, de cuando yo era un gran entusiasta del cómic (lo sigo siendo) y pretendía dibujar viñetas. Y aparecen, sobre todo, dibujos surrealistas que fueron protagonistas de mi trabajo en otro tiempo».
Efectivamente, las pequeñas páginas están plagadas de irónicas imágenes, de surrealistas personajes imaginarios y de los apuntes que luego se convertirán en los grandes cuadros del artista leonés. El cuaderno actual tiene dos años y quizá haya en él espacio para otros dos años de labor creativa, pero sería muy interesante que alguien se decidiera a publicarlo para que se descubrieran las múltiples facetas escondidas de este original artista.
Cuando la realidad se hace volátil



«Soy partidario de la expresión simple de pensamientos complejos», aseguraba a mediados del siglo pasado el pintor ruso Mark Rothko, paradójicamente uno de los pilares de la escuela pictórica de Nueva York y uno de los máximos representantes del movimiento American sublime . La obra del pintor leonés Karlos Viuda ha girado en algún momento en torno a las ideas y al minimalista expresionismo abstracto de este maestro.



Las abstracciones del pintor leonés tienen claras connotaciones con la naturaleza. «A mí me entusiasma contemplar los ríos al final de la primavera, cuando las grandes crecidas han dejado las orillas llenas de restos de árboles caídos, de residuos orgánicos abandonados a su suerte que se cobijan misteriosamente en los remansos del río. Me interesan profundamente los materiales de desecho, viejas chatarras, ramas y piedras corroídas por la erosión. Materiales que mirados a través de mi prisma personal, son auténticas y genuinas obras abstractas».
Una mente poliédrica



Si usted piensa que de Karlos Viuda se lo sabe todo, que sería capaz de conocer cualquiera de sus obras nada más verla, está muy equivocado. Viuda es poliédrico, cada vez que muestra al público su trabajo deja atrás sus ataduras con el pasado y comienza una nueva etapa en la que juega con otros elementos, pero siempre conservando sus esencias pictóricas.
Pero hay algo evidente, cada día el artista escapa un poco más de la fría superficie de la pared. Progresivamente va ganando centímetros al espacio. «Creo que en cualquier momento tendré que plantearme cambiar los pinceles por el cincel, o algo parecido». Efectivamente, de sus cuadros emergen unas formas milagrosas que pueden representar el caos o la gloria, pero que atacan sin misericordia la mirada del visitante. Comenta Karlos: «Tendré que contenerme un poco, porque de seguir así acabaré haciendo esculturas-¦ Y lo mío de verdad, lo que siento, es la pintura».
Estas obras de grandes relieves son todo un homenaje a lo que vive y muere, a los objetos encontrados en las orillas de los ríos o en las playas batidas por fuertes oleajes. Maderas pulidas por mil arenas, cortezas arañadas los animales salvajes, papeles recuperados de la historia-¦ El artista ha ido pensando sus obras mientras caminaba disfrutando de la naturaleza, de un entorno donde todo tiene que morir para que se realice el milagro de los nuevos nacimientos. Karlos Viuda procura que la germinación de la nueva vida se realice a través del arte, a través de su peculiar manera de entender la pintura. Y dentro de unos meses sabremos que de este momento no queda nada en la trayectoria de Viuda, que todo ha quedado resumido en unos poéticos garabatos en negro sobre blanco que seguramente nos contarán la misma historia de siempre, pero de otra manera.




Existen otras facetas interesantes de Viuda, por ejemplo su empleo de las texturas del papiro y de las cortezas de los árboles. Son estos dos elementos a los que en los últimos tiempos ha dado muchas vueltas y que han terminado convirtiéndose en auténticas pinturas en relieve que guarda como tesoros en delicadas cajas. La rugosidad y las calidades espectaculares de las viejas maderas y la delicadeza del papel, con el simple añadido de una línea roja, convierten estos elementos en obras estéticamente impecables, en pinturas sin pintura que son un homenaje a la botánica y a la mejor abstracción.
Volviendo a los orígenes
Hay también en su trabajo pinturas-¦ digamos tradicionales, con formatos pequeños y en las que el artista vuelve a jugar con las texturas en cuadros prácticamente monocromos que nos remiten a otros tiempos de su obra. «Algunas de mis vías de trabajo -”explica-” no han sido expuestas nunca al público, como es buena parte de mis dibujos. Ellos son para mí como un derrame, como una pavorosa diarrea creativa, en la que suelto todo de una manera descontrolada. Mi pintura va más a la síntesis, intento ser más certero. Lleva un proceso de trabajo muy lento pero casi siempre muy abigarrado, muy barroco, lleno de cosas que poco a poco se van haciendo más sencillas y que se van desmenuzando, desapareciendo hasta que emerge la realidad que busco. En los últimos tiempos he realizado exposiciones con muchísimo color que eran como una divertida fiesta. Ahora estoy en otro proceso porque empleo materiales que quiero que sean protagonistas, que no pasen desapercibidos. Quizá busco la serenidad empleando la sombra como elemento pictórico, intento que el mensaje sea solamente una sugerencia que capture al espectador».
Volviendo a lo primero, ¿cómo fueron sus comienzos en el arte? «Cuando era niño los juguetes más baratos eran un lápiz y un papel. Pero creo que mi interés por el arte lo suscitó en mí mi padre. Fue alguien que habitualmente me llevaba a ver exposiciones y me enseñó las bases del dibujo. El dibujo como juego infantil, como algo con lo que podía disfrutar cuando me aburría, y me ha marcado para siempre. Ese sigue siendo mi mayor hobby. Después estudié en la Escuela de Arte de León, hice Grabado, Técnicas de Estampación y Serigrafía Artística. Posteriormente realicé un curso de Litografía en Piedra y he tenido una formación que se debe al contacto con otros artistas y a ver arte, ver mucho arte».

martes, 13 de octubre de 2009

BUCEANDO EN LOS ABISMOS DE LA MENTE.Marcelino Cuevas


Karlos Viuda trabaja encorvado en la soledad de su luminosa buhardilla, con una brillante claraboya sobre su cabeza. Pero, además, sigue dibujando mientras se toma un café, en la sala de espera al dentista, cuando viaja en autobús… y cuando duerme. Karlos Viuda lleva siempre con él una pequeña libreta, en la que va dejando constancia de toda la actividad de su cerebro. Y es como si el artista habitará un mundo diferente, rodeado de seres fantásticos, de formas ignoradas, todo ello dibujado con la meticulosidad de un artesano medieval.
El artista, que presenta una nueva exposición en la Fundación Carriegos, ha querido mostrar de donde nacen las imágenes que después reflejará en sus obras. Documentar como rescata del laberinto de la mente sus personajes imposibles, sus figuras fantásticas. Por eso, en unas amplias vitrinas, enseña sus cuadernos secretos e, incluso, las carcomidas maderas que se encuentra en las orillas de los ríos, en casas abandonadas, o en los salones de los pasos perdidos (que es un nombre que no sé muy bien que significa, pero que personalmente me encanta). De ellos mana incesante la inspiración de Karlos Viuda que, posteriormente, traslada a sus obras de mayor tamaño.
Y una vez más, nos encontramos con que el artista ha evolucionado, manteniendo sus bases primigenias, eso sí, pero siguiendo el fluido incesante de una obra que se mantiene en continuo progreso. En esta ocasión las texturas del lienzo, de los lienzos, se convierten en atormentadas estructuras que pugnan por lanzarse al espacio, por volar hacia el infinito desde el sótano de la Casona de Carriegos.
Explica Karlos Viuda que ha intentado adaptar su trabajo a las posibilidades de la sala. “En la exposición pueden verse esas cosas que hacemos y que normalmente no mostramos nunca. Cuadernos de apuntes, obras que son un proceso de transición para otras más grandes”.
La muestra se titula Inmersión, y pretende venir “Desde el vacío en el que nos sumergimos en busca de la nada para resarcirnos de nuestra existencia”. Esta es la propuesta filosófica que el artista desarrolla magníficamente en su trabajo.
Y no queremos olvidarnos de comentar la vertiente irónica que siempre aparece en los trabajos de Karlos Viuda, y que encuentra su mejor escenario en esos maravillosos y meticulosos dibujos a lápiz que llenan cuadernos y cuadernos y que son básicos para conocer la realidad del artista.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

RELIQUIAS PARA UN FUTURO INCIERTO.Marcelino Cuevas

Karlos Viuda ha dejado ya de ser una promesa del arte leonés. Sus continuadas apariciones en público con unas obras tan consistentes como originales, le han convertido en uno de los artistas con más vitalidad y más proyección del panorama artístico de León.
Ahora nos sorprende con una nueva exposición, que presenta en la sala Campus Stellae, del Colegio Marista de Álvaro López Núñez, y que ha titulado Arqueología de un Naufragio, en la que repite algunas de las constantes de su obra, como son el collage y la recuperación de papales y objetos. Con ellos Karlos Viuda crea un mundo plagado de sugerencias en el que cada elemento tiene un significado, y trasmite al espectador la necesidad de profundizar en lo que ve dentro de esas cajas milagrosas que el artista propone.
Explica el autor las principales característica de sus trabajos: “La muestra consta de diez cuadros -dice- montados en marco caja, como es habitual en mí, pero de pequeño formato, dando una apariencia de reliquia, de fragmento rescatado o encontrado, de muestra a estudiar, de algo que era mayor pero que por diversas razones no podemos tener. La obra esta compuesta por papeles plegados que recuerdan el mundo industrial, haciendo también referencia al desgaste al que nos somete la vida, al oxido y descomposición de los materiales...”.
Es difícil encasillar a Karlos Viuda en una faceta artística, sus trabajos viven en la frontera de la pintura y la escultura para, en ocasiones, convertirse en vanguardistas instalaciones. En este caso sus obras son de pequeño formato, casi juguetes plagados de sugerentes citas, pero en otros lleva sus ya conocidas cajas a volúmenes mucho más grandes, sin que por el cambio de dimensiones se pierdan sus propiedades, en ellas se mantiene siempre el reflejo continuado de la realidad del artista.
La duda continúa, ¿es Karlos Viuda un pintor? ¿Es un escultor?... no hay que darle vueltas, Viuda es simplemente un artista que se enfrenta a sus fantasmas a través de unas obras personales e intransferibles, en las que siempre deja patente su fuerte personalidad y sus ganas de investigar, de descubrir nuevos caminos para el trabajo que realiza.